Juliette PardauThis is a featured page

juliettep - Inglés Instrumental II
Mi biografía
Hacer una autobiografía es igual o muy parecido a hacerse un examen de conciencia. Y es que, no se trata únicamente de relatar en orden cronológico algunos sucesos de nuestra infancia, sino de jerarquizar aquellos eventos que verdaderamente marcaron nuestra vida y automáticamente pasaron a formar parte de nuestra biografía, aquello que nos hizo cambiar de parecer, reevaluarnos o reinventarnos, todo evento que por una u otra razón se convirtió en un motivo para cambiar, para luchar, para estar agradecidos.
Mi vida comenzó en Caracas en la antigua sede de la Clínica San Felipe de la Castellana un 21 de agosto de 1986, cuando a las 4:20 pm llegué al mundo sorpresivamente. Y digo sorpresivamente no porque esperasen a un varoncito ni porque se tratase de una niña prematura, sino porque a mi mamá realmente nunca le dieron seguridad de mi nacimiento, producto de algunas complicaciones prenatales que, afortunadamente logró superar.
Mis primeros meses de vida fueron algo accidentados, pasé de tener dos vueltas de mi cordón umbilical alrededor del cuello a un cuadro crónico de lechina y tiempo después uno de sarampion. Sin embargo, no fuí una niña enfermiza, de hecho mi mamá cuenta que no me daba “ni coquito”.
A los 3 años me inscribieron en el colegio, pues aunque no tenía la edad, estaba dedicando mi tiempo al análisis exaustivo de la trama de todas las novelas de la televisión venezolana. Sabía quien era “la mala”, quien quería “matar” a la protagonista y quien se iba a casar con el galán. Así que mi mamá me llevó al colegio donde trabajaba como docente.
Tiempo después, abandonamos nuestra casa en Carayaca, Estado Vargas, para mudarnos al Litoral Central donde pasé parte importante de mi niñez. Al cambiar de hogar, mis padres, por razones obvias de distancia, cambiaron de trabajo. Mi mamá se dedicó a “correr” de un lado a otro en su lucha incansable por hacer del Departamento de Caja del Aeropuerto Internacional de Maiquetía un lugar diligente y eficaz... Lo logró, pero ello le costó muchas lágrimas y muchas horas sin dormir, eso nunca la ha detenido.
Mientras mamá trabajaba día y noche, mi papá se hizo cargo de buscarme en el colegio, hacerme la comida, llevarme a la playa, ayudarme a hacer la tarea y hasta “peinarme” o intentar hacerlo, para ir al colegio.
Cuando mi madre tomó la excelente decisión de abandonar aquel caótico empleo, se convirtió en directora del colegio donde estudiaba, pero yo iba de salida, comenzaba mi primer grado de educación básica. Así pues, fue transcurriendo mi niñez, iba al colegio, regresaba en las tardes al lugar donde aprendí mis primeras letras (que ahora ocupaba mamá) y al menos tres o cuatro veces a la semana y asistía a todas las actividades extracurriculares a las que un niño puede asistir: danza, teatro, pintura, tareas dirigidas, natación, etc, etc, etc. Mis padres siempre me dijeron que organizando el tiempo, podría hacer todo lo que quisiera, y así lo hice. Fuí creciendo y llegué a ser una adolescente bajo esa filosofía. Incluso hasta ayudaba a mi mamá con los niños en el colegio, hecho que para mi fue una experiencia que llenó el vacío de ser hija única.
Mi mamá se convirtió en un ejemplo de lucha y superación. Entre tantas otras experiencias que vivimos juntas, recuerdo perfectamente la del 15 de diciembre del 1999. Tenía 13 años para aquel entonces y en el Estado Vargas desde días previos se estaba viviendo una situación difícil con el tema de los damnificados. Las lluvias eran incesantes y varias familias habían quedado practicamente en la calle, teniendo como único refugio la Biblioteca José María Vargas. Allá habíamos permanecido durante toda la tarde mi mamá y yo, brindando nuestro apoyo a aquellos vecinos. Lo que ignorábamos entonces, era nuestro destino horas después.
Esa noche, estabamos solas en casa, pues mi padre tenía algunos meses trabajando en el interior del país, aunque realmente parecía estar viviendo en otra dimensión donde no llegaba ni siquiera una señal de radio. Fue entonces cuando aproximadamente a las 10 de la noche, luego de escuchar gritos y gente corriendo, salimos al jardín para ver qué era aquello que tanta algarabía causaba.. ¿La respuesta? Nuestros vecinos alejándose de un río cercano que había salido de su cauce. Salimos del que por 8 años fue nuestro hogar, con apenas un pijama encima y cerramos nuestra “casita” con llave para que no entraran a robar... Nos hubiese gustado llevarnos más que una llave de recuerdo.
Pasamos la noche junto a nuestros vecinos en la única casa que quedó en pie. Éramos aproximadamente 40 personas, orando para que se nos permitiese vivir para contarlo... Y lo logramos. Fueron muchas las horas y muchos los rescatistas que ignoraron nuestras señales de ayuda, pero para la tarde del 16 de ese mes, estabamos a salvo sobre un helicóptero con destino a Maiquetía.
Comenzar una nueva vida era lo único que nos animaba. Mi papá se enteró de todo aquello cuando alguien le llevó la prensa y supo que el país estaba en crisis, pues irónicamente él estaba en Calabozo, donde la sequía era extrema. Cuando estuvimos los tres juntos de nuevo, regresamos a nuestro punto de partida, Carayaca. Allí terminé mi bachillerato y recibí el apoyo de todas aquellas personas que comenzaron a formar parte de mi vida. Fué una experiencia inolvidable desde todo punto de vista, como si nunca me hubiese ido.
Apenas a tres meses de graduarme en el liceo Guaicaipuro, mi familia recibió otro duro golpe. Fue exactamente el 7 de mayo, un día que podía haber sido como cualquier otro, pero el destino se empeñó en ponernos una prueba de fuego.
Aquella mañana mi papá se despidió de mi para marcharse al trabajo como lo hacía a diario, mi mamá se fue al trabajo y yo al liceo. Como lo dije antes, un día normal, con la diferencia de que al regresar a casa no seríamos los tres de siempre, sino mi mamá, una allegada a la familia y yo. ¿Por qué una allegada a la familia? ¿Acaso vivía allí? No, ella simplemente cumplía con la difícil tarea (con la que nunca quisiera cumplir) de avisarnos que mi papá ya no estaría más entre nosotros.
Tanto para mi mamá como para mi, ese no sólo fué un día de dolor sino de desconcierto. Mi papá falleció en un accidente en la playa y nosotras sólo nos preguntábamos ¿por qué otra vez el mar? ¿por qué nos quitaba más?
Aún hoy no entendemos qué fue lo que pasó. Nos mudamos a Caracas meses después de que comenzara a estudiar en la UCV la carrera que siempre quise estudiar: Comunicación social. No puedo negar que la vida me ha sonreído en muchos otros aspectos y que mi familia ha sido incondicional. Tengo una madre excepcional, una vida felíz y aunque estoy segura que mi padre comparte conmigo cada logro, nunca dejaré de añorar que vuelva a estar en el lugar de donde nunca debió marcharse... nuestras vidas.



ComponenteDocente
ComponenteDocente
Latest page update: made by ComponenteDocente , Aug 22 2009, 1:44 AM EDT (about this update About This Update ComponenteDocente Edited by ComponenteDocente

No content added or deleted.

- complete history)
Keyword tags: None
More Info: links to this page
There are no threads for this page.  Be the first to start a new thread.