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Rossana Marcano - Inglés Instrumental II
Pensarse no es nada fácil, narrarse aún más difícil siempre se tiene la impresión de no dejar ver en lo posible lo que somos como origen y consecuencia, sin embargo siendo un ejercicio pedagógico se intentara ser lo mas sencillo posible. Mi vida al igual que la de otras personas está llena de aventuras, de sinsabores, de momentos buenos, de tiempos difíciles, pero también de bienestar que he labrado, de estos tratare de hablar. Nací un 20 de mayo en la maternidad Concepción Palacios en la Parroquia San Juan de la Av. San Martín.
Las experiencias nacen con nuestra llegada al mundo se les va dando sentido y movimiento en la medida en que una tiene conciencia de ser, que no es otra cosa que vivir y sentir y estar concientes de nuestro papel en el mundo que se hace efectiva a través de la acción.
De niña recuerdo a mi madre maestra normalista, mi padre electricista aficionado, soy la segunda hija de cinco hermanos quienes no alcanzamos a tener un año entre el nacimiento de uno y otro. Crecimos en las dificultades, en un barrio humilde de esta ciudad, estando aún muy pequeños fuimos expulsados de la humilde casa que habitábamos, siendo esta propiedad de la única hermana de mi padre, quizás con más necesidad que la nuestra. Sin embargo fue mi madre quien especialmente pretendió labrar un mejor futuro para todos, mujer luchadora, emprendedora, le salió al paso a cualquier dificultad y consiguió un mejor lugar para todos. Sin embargo al poco tiempo se vio en la necesidad de ubicarnos con cada uno de los tíos y tías por supuesto, su familia, cosa que no logró resolver los problemas, por lo menos no con respecto a la tenencia de las hembras, debo reconocer sin vergüenza alguna, que fuimos maltratadas en múltiples ocasiones sufrimos, la segunda y tercera hija, mientras que la mas pequeña, la última hija nunca pudo ser desprendida del seno de mis padres.
Por su parte los varones disfrutaban del beneplácito y la hospitalidad en otros espacios. Situación que dejaba claramente establecido el sitio que ha ocupado históricamente la mujer en la sociedad y del cual tanto abuelas como tías han multiplicado fielmente su conducta. Siempre fui una niña sumisa ante los atropellos, aunque en muchas ocasiones mostraba silencio, no respondía o sencillamente no ingería y rechazaba todo alimento que pretendieran darme, actitud por la cual fui muchas veces castigada, y presentaba problemas de salud. Así mostraba mi rebeldía, mi desacuerdo, mi descontento por no poder estar donde pude ser feliz, al lado de mis padres. Así paso algunos años de mi niñez, sin embargo no por esto deje de entender la lucha que libraba mi madre por un futuro mejor, no es que mi padre no luchase, pero no con el ahínco, con la personalidad y el carácter de mi madre, siempre fue ella quien dijera si o no a cualquier decisión importante que debiera tomarse. Me parece aún escuchar a mi padre “dile a tu mamá”, de tal manera que siempre fue ella quien dijo la última palabra. Así pasamos algunos años en busca de la estabilidad. Cuando regresé con mi madre ya era una adolescente, cuando mi carácter comenzaba a mostrar sus impulsos y desafíos, no de aquellos que intentan emanciparse sino el de aquellos que golpeados por las dificultades intentan sobrevivir bajo el escudo de la sumisión.
Siendo bachiller de la república egresada del Liceo Caracas en el Paraíso, tenía una batalla ganada y al poco tiempo comenzaba mi incursión en el campo laboral, del que mi madre fue promotora, entendiendo que ya era una mujer debía asumir mi madurez. Me desenvolví con propiedad y gané en poco tiempo el respeto de quienes compartían la jornada laboral. Al poco tiempo fui admitida en la universidad, para estudiar sociología, oportunidad que no desperdicie pues significaba la gran oportunidad, me permitía reivindicarme con lo que siempre había anhelado demostrando que el origen de la pobreza se resuelve con voluntad, actividad que compartía con el trabajo. En poco tiempo deje de depender directamente de mis padres, porque pudieron rápidamente librarse de la responsabilidad que representa un estudiante universitario, en todo caso en el tiempo no ha variado mucho seguimos siendo estudiantes con grandes estantes llenos de fotocopias. Compartiendo mi trabajo con los estudios me hice otra meta, por decisión propia y concienzuda llegó mi primer hijo, para entonces cumplía mis veinticinco años de edad, quizás buscada apasionadamente el espacio que siempre reclamaba, el mió, donde fuese yo la protagonista, la hacedora de historia, tomada en cuenta, en fin grandes emociones me embargaron, la novedad de un nuevo estado, la maternidad asumida con toda la responsabilidad del caso.
Felizmente casada con quien mantenía siete años de amores y con un bebé por formar, abandoné mi sueño universitario, para dedicarme a ser lo que había decidido, ser madre y esposa abnegada, como la sumisión lo había dictado. Mientras se cumplían dos años de abandonar mi sueño profesional, me trasladé a Santa fe de Bogotá, por compromisos laborales de mi cónyuge, con un bebe pequeño y sueños por cumplir me fui con la esperanza de realizarlos en este país aún desconocido. Sin embargo la conciencia demandaba mi condición de madre, olvidándome de la autorrealización, dediqué siete años a construir un mundo lleno de amor, con una nueva hija, deseada y planificada, y con la firme convicción de ser el momento ideal para el crecimiento familiar, mientras mi cónyuge ocupaba largo tiempo a su mundo laboral. Conseguí en mis hijos y algunos cursos manuales los mejores aliados para crecer y fortalecer mi espíritu y deseo de experimentar la libertad. Planeando un mundo nuevo, distinto para el futuro, sin menospreciar esta experiencia que me había regalado la vida, pues garantizaba el bienestar familiar.
De vuelta en mi país empezó mi segundo plan de emancipación, me reintegré a mis labores y con unos hijos encaminados en su desarrollo y formación, emprendí el camino de retorno a mis principios e ideales de consolidación profesional, osadía que me costo lágrimas no solo a nivel personal, sino que constituyó un riesgo para mi salud. Era muy difícil entender y comprender que como ser humano se tiene todos los derechos a la superación y realización personal, tarea dura, de la cual salí victoriosa, sin descuidar mi papel de madre y esposa, exigiéndome incluso mas de lo que se puede dar como ser humano, poniendo en riesgo lo mas elemental, la salud. Sin embargo y a pesar de los obstáculos alcance lo que muchas veces parecía cuesta arriba, proyecto en el que conté con el apoyo incondicional de mi madre, mis hermanos y mis hijos inspiradores de este, y por supuesto reivindiqué mi posición en el mundo como mujer, capaz de hacer sin depender, ganándome el respeto y la consideración que quién comparte mi vida. Dejando claro que somos distintos y entendiendo que nos amamos por nuestras diferencias. Sigo aprendiendo, sigo creciendo con la misma voluntad y deseo de quien nace todos los días y trato en lo posible de inventar una pedagogía nueva con mis hijos y los hijos de otros, aunque mi cónyuge lo llame psicología. Soy feliz he alcanzado con muchas dificultades lo que hoy soy, entendiendo que por duro que puedan ser nuestros inicios, el elemento fundamental de la vida está en la voluntad del ser humano, principio que nos puede mover tanto a la realización como a la destrucción, decisión que descansa dentro de sí.
Gracias a Dios por estar en mí.


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ComponenteDocente Me encanta 0 Apr 30 2007, 10:44 PM EDT by ComponenteDocente
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Rossana:

Quiero felicitarte por dos razones:

1. Por el precioso estilo en el que has escrito tu biografía.

2.Por tu actitud positiva frente a la vida, ese aguante, ese empuje, es el que hace a las mujeres grandes. Tu vida no tiene desperdicio, porque aunque hayas pasado momentos duros, ellos te han hecho crecer y ser una gran hija, hermana, madre, esposa y maestra, un hermoso ser humano.

Me siento orgullosa de tenerte dentro de mi grupo de estudiantes.

Agradezco mucho la confianza que has depositado en nosotros para compartir cada detalle de tu vida y al igual que tú le doy gracias a Dios por haber llegado a mi vida y haberla transformado.

Un abrazo,

Evelyn
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